Durante mucho tiempo, la imagen fue para mí un lugar de inseguridad.
Como muchas mujeres, viví etapas en las que mirarme significaba
encontrarme primero con aquello que no me gustaba.
Con el tiempo, mi vida comenzó a cambiar.
Al casarme con Efrén y asumir nuevas responsabilidades de liderazgo,
también comenzó una etapa de mayor exposición pública.
Ya no se trataba solamente de cómo yo me veía a mí misma. Mi
presencia también estaba comunicando en los espacios a los que ahora
había sido llamada.
Después llegó la maternidad.
Tres embarazos. Cambios físicos. Nuevas temporadas.
Y nuevamente tuve que encontrarme con mi imagen desde un lugar
diferente.
Fue entonces cuando decidí estudiar Imagen Pública.
Lo que comenzó como una búsqueda personal empezó a convertirse en
algo mucho más grande.
Entendí que mi imagen no tenía que ser una fuente permanente de
inseguridad.
Podía conocerme.
Podía entenderme.
Podía trabajarla.
Y aquello que yo misma había tenido que aprender podía algún día ayudar
a otras mujeres.